MIÉRCOLES: 09 de febrero de 2022

MEDITACIONES PARA LA PREDICACIÓN

Fr. Juan David OSPINA OSPINA, O.P.


Síntesis del Evangelio: Nada de lo que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; más lo que sale de dentro es lo que lo hace impuro.

La primera lectura tomada del primer libro de los Reyes nos narra la visita de la reina de Saba al rey Salomón, de quien había oído maravillas que habían despertado su curiosidad. Además, era tanta la fama de ser un hombre sabio la del rey Salomón, que a todos los rincones de la tierra habían llegado noticias de que al rey de los Israelitas no había enigma arcano que no pudiera desvelar, y como suele ocurrir, no faltó quien quiso poner a prueba dicha fama, y esa fue la razón por la cual hoy la reina de Saba se hace presente ante Salomón.

A través del relato que hoy nos presenta la primera lectura, el autor sagrado nos enseña que es el mundo y quienes habitamos en él los que responsables de poner a prueba nuestra fe, nuestro abandono y confianza en Dios. Hoy la liturgia viene a liberarnos y a darnos consuelo al desvelarnos que NO SON de Dios las pruebas o tentaciones que en el día a día se nos presentan, en las que, como cristianos, debemos dar cuenta de nuestro compromiso, de nuestra confianza y de nuestro abandono en Dios. En nuestra mentalidad tenemos muy arraigado el pensamiento que de Dios nos vienen los momentos de prueba y de tentación, máxime cuando leemos en la Sagrada Escritura pasajes como el sacrificio de Isaac que Dios pide a Abraham; Sin embargo, una lectura más atenta de los mismos pasajes y de toda la Sagrada Escritura nos pone en evidencia que son muchísimos más los momentos en los que Dios fortalece a sus hijos y les da la fuerza, sabiduría y valentía para afrontar y salir victoriosos de la prueba. Así lo hace hoy también con Salomón, que ante las pruebas que le presenta la reina de Saba, por la gloria y la bondad de Dios, Salomón sale victorioso. Y más aún, la reina de saba reconoce que es por la acción de Dios que Salomón sale triunfante.

En este sentido quiero compartir con ustedes un pensamiento del teólogo y biblista Ariel Álvarez Valdés (2020) quien afirma que las pruebas no pueden venir de Dios puesto que: “En realidad Dios no puede probar a los hombres porque tales pruebas no tendrían ningún sentido. En efecto, si ÉL ya sabe que uno saldrá mal parado de ella, ¿para qué la manda? Y si sabe que saldrá bien ¿para qué la manda? En ambos casos serían absurdas.”

Por otra parte, el Nuevo Testamento nos presenta mayor claridad en cuanto a que Dios es quien viene en nuestro auxilio y no el artífice de las pruebas que nos presenta el mundo. Así lo aclara la carta de Santiago cuando enseña: “Nadie, cuando sea probado, diga: es Dios quien me prueba. Porque Dios ni es probado por el mal, ni prueba a nadie. Cada uno es probado por sus propias pasiones, que lo atraen y lo seducen.” (Sant. 1, 13-15) Más aún, la segunda carta de Pedro enseña: “El Señor sabe librar de las pruebas a los que confían en Él.” (2 Pe. 2, 9).

En esta misma línea, hoy la primera lectura nos enseña que, así como de Saba le vino a Salomón la prueba, del mundo y de nuestras debilidades y oscuridades nos vendrán nuestras pruebas y tentaciones; pero así mismo como el Señor socorrió a Salomón, así mismo Dios vendrá en nuestro auxilio si confiamos y a Él nos abandonamos. Liberemos y dejemos atrás aquel dios que pone a prueba, que nos pone tropiezos angustiantes y que se goza en la caída de sus hijos, y llenemos hoy del amor del verdadero Dios que quiere SIEMPRE nuestro bien y nuestra felicidad.

Por su parte, el Evangelio de Marcos que hoy leímos nos presenta una de las más hermosas enseñanzas de Cristo, y es que nada de lo que entre de fuera puede hacer al hombre impuro, porque no entra al corazón; más lo que sale de dentro es lo que lo hace impuro, porque sale de dentro del corazón.

Hoy Jesús nos enseña que el corazón es el sagrario que todos los seres humanos portamos, y que es al corazón de cada uno a quien Dios habla y en el que Dios quiere habitar. No importan los sacrificios, el incienso y las oraciones si el corazón está alejado de Dios. Hoy el evangelio nos enseña que la santidad se construye en un corazón comprometido, que no sabe de fronteras ni de límites a la hora de salir al encuentro de los demás para llevarlos a Cristo.

Hermanos míos, embellezcamos nuestro corazón para Dios, así como adornó Salomón el templo de Jerusalén, puesto que, si Dios quiso habitar en tiempos del rey en medio de su pueblo a través del Arca de la Alianza, hoy Dios quiere habitar en nuestros corazones. Preparemos pues la morada para Dios, no con oro, ni perfumes ni piedras preciosas como el templo, sino con acciones misericordiosas para con nosotros hermanos. Amén.

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Álvarez, A. V. (2020). ¿Quién era la serpiente del Paraíso? Y otras 19 preguntas sobre la Biblia. Pamplona, España: Verbo Divino.

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