JUEVES:  10 de febrero de 2022

MEDITACIONES PARA LA PREDICACIÓN

Fr. Juan David OSPINA OSPINA, O.P.


Síntesis del Evangelio: “Deja que se sacien primero los hijos. No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos”.

Hoy el primer libro de los Reyes nos presenta como el rey Salomón llegando a la vejez comienza a alejar su corazón del Señor en favor de los dioses de sus mujeres, que eran mujeres venidas de otros países en las que se adoraban a otros dioses distintos al Dios del Rey Saúl, del Rey David y del pueblo de Israel. Salomón no cumplió así su palabra y faltó a su promesa de mantenerse fiel al señor.

La primera lectura hoy nos enseña que en algunos momentos de nuestra vida somos presa fácil de nuestros temores, debilidades y tentaciones. En el caso del rey Salomón, en su senectud fue presa del desvío del corazón de sus mujeres hacia otros dioses, y ello poco a poco arrastró el corazón de Salomón lejos de Dios. Pero si Salomón pudo mantenerse fiel al señor durante su juventud ¿por qué sucumbió a la tentación en la vejez?

Hoy la primera lectura nos enseña que, si bien es fácil sucumbir ante la tentación cuando no se cuentan con las suficientes fuerzas o se está más vulnerable, como en el caso de Salomón, en la vejez; la real falla o pecado está en mantener el corazón cerca de aquello que pueda alejarlo de Dios. Es decir, la caída de Salomón estaba prevista en tanto que las mujeres que Salomón mantuvo consigo durante sus años como Rey eran mujeres venidas de otros países, de otras culturas y, por tanto, con otras creencias religiosas y con el corazón y la fe puesta en otros dioses. Salomón durante su vida no quiso renunciar a dichas mujeres, insistió en mantenerse cerca de aquellas mujeres que tenían su corazón puesto en otros dioses.

Queridos hermanos y hermanas, hoy la primera lectura nos invita a que renunciemos a aquellas personas, situaciones, circunstancias, vicios, malas costumbres, pensamientos, actuaciones, que quieren alejar nuestro corazón de Dios; nos invita también a reconocer que, hoy podemos sentirnos fuertes y considerar insignificantes aquellas realidades que son potencialmente peligrosas para alejarnos de Dios, pero en algunos momentos de nuestra existencia podemos convertirnos en frágiles y vulnerables y ser presas de todo aquellos que nos quiere destruir como personas, dañarnos como cristianos y despojarnos de nuestra realidad de hijos de Dios. Como dicen nuestros padres, tanto rueda el cántaro hasta que por fin se rompe. Que hoy sea la ocasión de reconocer y alejar esos cántaros que están llenos de nuestros vicios, malas costumbres, maldades y pecados a fin de poder tener la tranquilidad de que cuando llegue la flaqueza, el cántaro no rodará y la falta no ocurrirá.

Por otra parte, a pesar de la advertencia y enseñanza que hoy nos propone la primera lectura, también hoy escuchamos una buena noticia, y es que nuestro Dios no es un Dios que ante la primera falta desee o quiera el castigo de sus hijos. Antes de decidir castigar la falta de Salomón, el primer libro de los Reyes nos da cuenta de dos apariciones que hace Dios ante Salomón para, como un buen Padre, persuadirlo de caer en el error.

En definitiva, queridos hermanos, YAHVÉ nuestro Dios es un Dios que quiere nuestra conversión, que cambiemos de conducta y que vivamos felices y plenos en su presencia. Estemos pues hermanos prestos a escuchar la voz de Dios y a alejar nuestros corazones de todo aquello que pueda separarnos de su amor incondicional.

Por su parte, el Evangelio de Marcos que hoy nos presenta la liturgia nos narra la liberación de la hija de una mujer fenicia, de la provincia de Siria, de un espíritu inmundo. A qué se refiere Jesús cuando, ante el ruego de la mujer fenicia, contesta: “Deja que se sacien primero los hijos; No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos”.

La exégesis bíblica (es decir, el estudio detallado y minucioso de cada pasaje de la Sagrada Escritura con la intención de desvelar el sentido más correcto y auténtico del pasaje, de acuerdo con el contexto, la historia del texto y la intención del autor sagrado) nos enseña que “los hijos” representan simbólicamente al pueblo de Israel, que el Pan es el anuncio del Reino de Dios, y que los perritos son todos los demás pueblos que habitan la tierra. Con estos datos podemos concluir que la enseñanza de este pasaje del Evangelio de Marcos para los lectores del primer siglo es que Cristo vino a predicar y a enseñar a sus paisanos y a sus colegas judíos y que los demás pueblos, por su dureza de corazón, quedaban fuera. Pero ¿qué nos dice y enseña el pasaje de Marcos para los cristianos de hoy?

Hoy la carga simbólica ha cambiado. Para nosotros “los hijos” somos todos, todos los seres humanos de buena voluntad que hemos decidido acoger su mensaje de amor y hacernos sus discípulos y seguidores. El “Pan” sigue siendo la Buena Noticia de Salvación. Sin embargo, la mujer fenicia representa hoy para nosotros un modelo de vida cristiana porque, sin ser aquella mujer del pueblo de Israel, del pueblo elegido, supo -como ningún otro- reconocer en Jesús la bondad y la misericordia de Dios y supo superar la distancia, los miedos, los prejuicios y dificultades, y postrándose ante Jesús imploró con verdadera fe.

Hoy como cristianos Jesús nos invita al banquete de su amor, día tras día; pero en muchas ocasiones nosotros mismos, desfigurados por nuestra maldad preferimos recoger las migajas debajo de la mesa porque no queremos desprendernos de la oscuridad. Es una decisión personal elegir comer debajo de la mesa oculto por el mantel o cenar al lado de Cristo recibiendo el pan y el vino de sus manos.

Queridos hermanos, como aquella mujer fenicia, postrémonos ante nuestro Señor, roguemos con verdadera fe que su auxilio venga sobre nosotros y nos de la fuerza para renunciar a todo aquello que nos quiera alejar de sus caminos y para ser siempre fieles a su amor. Amén.

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