Historia de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá

Fragmento

En 1908 el Provincial, Fray Vicente María Cornejo, y el Prior del Santuario, Fray José Ángel Lambona, con la recomendación de la Conferencia Episcopal, pidieron a la Santa Sede la coronación canónica de la Sagrada Imagen. San Pío X firmó el Decreto, el cual fue enviado al Ilustrísimo señor Maldonado Calvo, Obispo de la Diócesis de Tunja, quien dispuso la Coronación para el día 9 de julio de 1919, día consagrado por el clero colombiano para honrar a María, con la recitación de su Oficio.

Que alegría para nuestra nación Colombiana conmemorar esta fecha de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, ella nos ha adoptado como patria, y nosotros necesitamos de su intercesión de Madre. Como hijos ingratos, nos hemos alejado y   despreciado su amor; tenemos un país que sufre las consecuencias del pecado, y una madre que llora la indiferencia de muchos de sus hijos.

Petición: Ayúdanos Madre del Rosario de Chiquinquirá a desprendernos de todo aquello que obstaculice nuestro amor a ti, para descubrir en ti nuestro bien mas grande. Concédenos la gracia de llevar tu dulce nombre en nuestros labios, y darte a conocer y amar, a muchas más personas, como regalo que eres, del cielo, para toda la humanidad.

Jaculatoria: Pues eres de los pecadores, el consuelo y la alegría ¡Oh Madre clemente y pía, escucha nuestros clamores!

Cristo me amó y se entregó por mí (I)

Mateo 26, 1-2; 26-29 y 36-46.

Cuando Jesús terminó todos estos discursos, dijo a sus discípulos: “Ustedes saben que la Pascua cae dentro de dos días, y el Hijo del hombre será entregado para ser crucificado.” Mientras comían, Jesús tomó pan, pronunció la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos diciendo: “Tomen y coman, esto es mi cuerpo.” Después tomó una copa, dio gracias y se las pasó diciendo: “Beban todos de ella, esto es mi Sangre, la Sangre de la alianza que es derramada por una muchedumbre, para el perdón de sus pecados, y les digo que desde ahora no volveré a beber del zumo de este fruto hasta el día en que lo beba de nuevo con ustedes en el Reino de mi Padre.” Llegó Jesús con ellos, a un lugar llamado Getsemaní y dijo a sus discípulos: “Siéntense aquí mientras yo voy allá a orar.” Tomó consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, y comenzó a sentir tristeza y angustia. Les dijo: “Siento una tristeza de muerte; quédense aquí conmigo y permanezcan despiertos.” Fue un poco más adelante y postrándose hasta tocar la tierra con su cara oró así: “Padre si es posible que esta Copa se aleje de mí, pero no se haga lo que Yo quiero, sino lo que quieres Tú.” Volvió donde sus discípulos y los halló dormidos, y dijo a Pedro: “¿De modo que no pudieron permanecer despiertos ni una hora conmigo?

Estén despiertos y recen para que no caigan en la tentación, el espíritu es animoso, pero la carne es débil.” De nuevo se apartó por segunda vez a orar: “Padre si esta Copa no puede ser apartada de Mí, sin que Yo la beba, que se haga Tu voluntad.” Volvió otra vez donde los discípulos y los encontró dormidos, pues se les cerraron los ojos de sueño. Los dejó pues, y fue de nuevo a orar por tercera vez repitiendo las mismas palabras. Entonces, volvió donde los discípulos y les dijo: “Ahora pueden dormir y descansar, ha llegado la hora y el Hijo del hombre es entregado en manos de pecadores.

Levántense, vamos, el traidor está por llegar.” Palabra del Señor.

 

Meditación enfocada en nuestra realidad colombiana

  • La Eucaristía es la entrega más hermosa de Jesús por nosotros, para acompañarnos, sostenernos, enseñarnos, escucharnos, consolarnos y quedarse aún yendo al Cielo. Necesitamos volver al respeto, fervor y a la Adoración Eucarística. Es Jesús presente verdaderamente, en Su cuerpo y su Sangre. Miles de milagros eucarísticos nos gritan su presencia, después de la consagración sacerdotal, aunque solo veamos Pan.
  • Él mismo espera silencioso nuestra visita en los Sagrarios, y allí regala innumerables bendiciones y gracias a quienes lo visitan con regularidad. Incorporemos en nuestras vidas la adoración eucarística, comulguemos en gracia, nunca en pecado mortal, recibámosle con amor y devoción. Dediquémosle tiempo a Él que se quedó por nosotros, respetemos las iglesias, el lugar donde Él habita, yendo vestidos decentemente a los templos, especialmente en las celebraciones de Sacramentos (bautimos, confirmaciones, bodas, entre otros) o en los funerales, pues así impedimos vivir adecuadamente la Eucaristía en los demás. No hablemos allí más que lo necesario, y apoyemos la liturgia, contestando adecuadamente, cantando y obrando según ella nos enseña.
  • Jesús se entrego todo por nosotros, se abandono a si mismo, se donó por amor. Cuánto amor nos falta para entregar a nuestros hermano, cuanta indiferencia con el dolor de las familias que sufren, con los que han perdido a sus hijos, las madres que esperan en soledad al hijo que no llegara.
  • Cuánta entrega nos falta para defender al niño que sufre abusos de los adultos, y proteger al débil. Tenemos miedo de amar y de entregarnos, porque sabemos que entregarse cuesta, como le costó a Jesús, con la muerte de cruz, olvidando que después del sufrimiento llega la resurrección.

ORACIONES

A REZAR LUEGO DE LAS MEDITACIONES LOS DÍAS 27 AL 33

PRÁCTICA:

Voy a sacar un espacio para ir a visitar a Jesús en el Sagrario. O si soy una persona mayor o enfermo seguiré una adoración eucarística virtual o por televisión, aprovechando la tecnología y los medios de comunicación.

Agrega el REZO DEL SANTO ROSARIO a tus oraciones a la hora que puedas.

Jaculatoria: Pues eres de los pecadores, el consuelo y la alegría ¡Oh Madre clemente y pía, escucha nuestros clamores!

error: Content is protected !!