Historia de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá

Fragmento

El día de la renovación del lienzo de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá el 26 de diciembre de 1586, estaba patente la imagen de la Madre de Dios en el sitio en que la piadosa María Ramos solía orar, con una hermosura sin igual y con unos colores muy vivos y despidiendo de sí grandes resplandores que bañaban de luz a los santos que tenía a los lados y llenaba de claridad toda la capilla. Tenía el rostro muy encendido. Toda la pintura estaba renovada completamente. (Renovación que confirmó posteriormente el padre Juan Alemán de Leguizamón, quien antiguamente la había entregado a don Antonio Santana y su mujer, cuando vio la imagen deteriorada)

Las señales o milagros que permite Dios a través de su Santísima Madre no solo son demostraciones de su poder y de la presencia del Reino de Dios, sino que también son signos visibles de su misión como madre protectora de todos sus hijos; escogiendo servidores llenos del Espíritu Santo para ser luz y ejemplo de vida, y para llevar su mensaje de amor y misericordia, como hicieron los santos que le acompañan en su sagrada imagen. A todos nos ha encomendado Dios una misión. ¿sabes cuál es la tuya?

Petición: Virgencita del Rosario de Chiquinquirá, ayúdame Madre mía a comprender la misión que Dios me ha encomendado. Ilumina nuestros corazones con el Espíritu Santo para ser testigos de Cristo viviendo en la libertad de los hijos de Dios y siendo ejemplo de amor, paz, paciencia, y amabilidad con nuestros hermanos.

Jaculatoria: Pues eres de los pecadores, el consuelo y la alegría ¡Oh Madre clemente y pía, escucha nuestros clamores!

Despreciando el Mundo, es Dulce Cosa Servir a Dios

Imitación de Cristo. L3, cap. 10

Otra vez hablaré, Señor, ahora, y no callaré. Diré en los oídos de mi Dios, mi Señor y mi Rey, que está en el cielo: ¡Oh, Señor, ¡cuán grande es la abundancia de tu dulzura, que escondiste para los que te temen! Pero ¿qué eres para los que te aman, y qué para los que te sirven de todo corazón?

Verdaderamente es inefable la dulzura de tu contemplación, la cual das a los que te aman. En esto me has mostrado singularmente tu dulce caridad, en que cuando yo no existía me creaste, y cuando erraba lejos de Ti, me convertiste para que te sirviese, y me mandaste que te amase ¡Oh fuente de amor perenne! ¿Qué diré de Ti? ¿Cómo podré olvidarme de Ti, que te dignaste acordarte de mí aun después que yo me perdí y perecí? Usaste misericordia con tu siervo sobre toda esperanza, y sobre todo merecimiento me diste tu gracia y amistad. ¿Qué te volveré yo por esta gracia? Por qué no se concede a todos que, dejadas todas las cosas, renuncien al mundo y escojan vida retirada. ¿Por ventura es gran cosa que yo te sirva, cuando toda criatura está obligada a servirte? No me debe parecer mucho servirte, sino más bien me parece grande y maravilloso que Tú te dignaste recibir por

siervo a un tan pobre e indigno y unirle con tus amados siervos.

Tuyas son, pues, todas las cosas que tengo y con qué te sirvo. Pero, por lo contrario, Tú me sirves más a mí que yo a Ti. El cielo y la tierra que Tú creaste para el servicio del hombre, están prontos, y hacen cada día todo lo que les has mandado; y es esto poco, pues aún has destinado los ángeles para servicio del hombre. Mas a todas estas cosas excede el que Tú mismo te dignaste servir al hombre, y le prometiste que te darías a Ti mismo. Verdaderamente Tú solo eres digno de todo servicio, de toda honra y de alabanza eterna. Verdaderamente Tú solo eres mi Señor, y yo soy un pobre siervo tuyo, que estoy obligado a servirte con todas mis fuerzas, y nunca debo cansarme de alabarte. Así lo quiero, así lo deseo; y lo que me falta, te ruego que Tú me lo suplas.

Grande honra y gloria es servirte, y despreciar todas las cosas por Ti. Por cierto, grande gracia tendrán los que de toda voluntad se sujeten a tu santísimo servicio. Hallarán la suavísima consolación del Espíritu Santo los que por amor tuyo despreciaron todo deleite carnal.

Meditación enfocada en nuestra realidad colombiana

  • La mundanidad es uno de los principales y más fuertes enemigos para seguir y servir a Dios. Por eso Jesús pidió al Padre protección para sus discípulos y nosotros (Juan 17, 4-21).
  • Esta mundanidad es todo lo que se exalta, promueve y se muestra en contra de la doctrina, moral, virtudes, mandatos o ley de Dios. Esa infestación está continuamente en ideas, modas, gustos, usos, comentarios, dichos, consejos, entre otros, pero hoy el ataque del mundo es una de las cosas que más ahoga la vida espiritual en las personas, atrapa a muchos y pocos se dan cuenta de ello.
  • Así vemos en nuestra sociedad exaltada la lujuria, impureza , infidelidad y utilitarismo a través de la música y las modas indecentes, en especial por ciertos géneros musicales; el ateísmo a través de las ideas que se siembran en libros y en ambientes intelectuales; la fornicación y el aborto a través de programas y manipulación de grupos; la confusión de la identidad sexual a través de la ideología de género en los dibujos animados y en los programas educativos; la unión libre o concubinato a través del mal ejemplo; la violencia a través de videojuegos; la pereza por la inmersión en la banalidad; la brujería a través de películas, series, y personas que la presentan como buena; la vanidad y la apariencia de bienestar a través de las redes sociales; la mentira a través de internet, libros, programas y falsa información, entre otros. Se exalta y convence acerca de pensamientos u obrar contrarios a lo que pide Dios, llevándonos a vivir con el pecado y la virtud y a promover el mal aún practicando la fe, alejándote de Dios o sirviéndole a Él y al mundo.

ORACIONES

A REZAR LUEGO DE LAS MEDITACIONES LOS DÍAS 1º AL 12º

VENI CREATOR SPIRITUS
Ven Espíritu creador; visita las almas de tus fieles. Llena de la divina gracia los corazones que Tú mismo has creado. Tú, eres nuestro consuelo, don de Dios altísimo, fuente viva, fuego, caridad y espiritual unción. Tú derramas sobre nosotros los siete sagrados dones; Tú, el dedo de la mano de Dios, Tú, el prometido del Padre, pones en nuestros labios los tesoros de tu palabra. Enciende con tu luz nuestros sentidos, infunde tu amor en nuestros corazones y con tu perpetuo auxilio, fortalece nuestra frágil carne. Aleja de nosotros al enemigo, danos pronto tu paz, siendo Tú mismo nuestro guía evitaremos todo lo que es nocivo. Por Ti conozcamos al Padre y también al Hijo y que, en Ti, que eres el Espíritu de ambos, creamos en todo tiempo. Gloria a Dios Padre y al Hijo que resucitó de entre los muertos, y al Espíritu Consolador, por los siglos infinitos. Amén.
1
AVE MARIS STELLA
Salve, estrella del mar, Madre Santa de Dios, y siempre Virgen, feliz Puerta del Cielo. Aceptando aquel «Ave» de la boca de Gabriel, afiánzanos en la paz al trocar el nombre de Eva. Desata las ataduras de los reos, da luz a quienes no ven, ahuyenta nuestros males, pide para nosotros todos los bienes. Muestra que eres nuestra Madre, que por ti acoja nuestras súplicas quien nació por nosotros tomando el ser de ti. Virgen singular, dulce como ninguna, líbranos de la culpa haznos dóciles y castos. Facilítanos una vida pura, prepáranos un camino seguro, para que, viendo a Jesús, nos podamos alegrar para siempre contigo. Alabemos a Dios Padre, glorifiquemos a Cristo Soberano y al Espíritu Santo, y demos a las Tres personas un mismo honor. Amén.
2
MAGNÍFICAT
Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como lo había prometido a nuestros padres- en favor de Abraham y su descendencia por siempre.
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PRÁCTICA:

Listar acciones del mundo que me pueden estar atrapando y pedir a Dios la gracia de renunciar a ellas.

Jaculatoria: Pues eres de los pecadores, el consuelo y la alegría ¡Oh Madre clemente y pía, escucha nuestros clamores!

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